Gobernabilidad y Ciudadanía ADs - PERU

lunes, diciembre 04, 2006

Los Líderes Regionales y Locales y los caminos de la innovación de la Política

Julio E. Díaz Palacios
Presidente de la Red Perú

En nuestro articulo anterior “Los Líderes Políticos Regionales y Algunos de sus Desafíos”, señalábamos que los peruanos y peruanas necesitamos “no solo nuevos rostros en los escenarios políticos, sino hombres y mujeres capaces de aportar a la innovación profunda de la cultura y las prácticas políticas tradicionales, capaces de contribuir a una democracia de mayor calidad y de armonizar la democracia con la eficiencia, capaces de promover el buen gobierno”.

Desarrollando esta idea podríamos afirmar muchas cosas pero en esta oportunidad queremos llamar la atención sobre parte de las cuestiones claves, señalando aquellos aspectos de la representación política y de la gestión pública descentralizada en los que sería fundamental que los 25 presidentes regionales y también los centenares de nuevos alcaldes recientemente elegidos para el periodo 2007-2011, pueden y deben aportar con sus propuestas y prácticas positivas.

Estos son los caminos específicos que tienen a su alcance para demostrar que significan una realidad muy diferente a la de los llamados políticos tradicionales:

1. Facilitar una relación horizontal con los ciudadanos, evitar formar “argollas” y alejarse de la soberbia, eliminando la ostentación y el derroche económico en el ejercicio del cargo, lo que va en perjuicio del cargo de representación.

2. Fortalecer la democracia, articulando la democracia representativa necesaria pero insuficiente, con las diversas modalidades de democracia participativa que incluye no solo la pluralidad de intereses de los ciudadanos sino aporta sus múltiples capacidades, para incrementar la calidad de la democracia, como factor de construcción de ciudadanía y de gobernabilidad en el país, pero también como factor de vehículo de continuidad y sostenibilidad de los procesos de desarrollo.

3. Respetar y promover en los ciudadanos el respeto a la planificación del desarrollo y su relación con los presupuestos participativos, afirmando la priorización de las inversiones publicas sobre la base de criterios razonables de asignación concertada de recursos, contribuyendo así a mejorar la calidad del gasto y a erradicar las viejas practicas populistas.

4. Reforzar la transparencia de todo tipo de decisiones y de la ejecución presupuestaria, garantizando el acceso ciudadano a la información de interés público, mediante la periódica rendición de cuentas y el apoyo a las iniciativas ciudadanas de vigilancia social. La primera es una expresión de respeto de las autoridades a los ciudadanos que constituyen la fuente de su poder y la segunda es una expresión autónoma de control social.

5. Formar equipos de gobierno interdisciplinarios en función de las calificaciones y experiencias profesionales y no de la presión de la militancia partidaria o del amiguismo. En lo posible, las mejores capacidades regionales y locales deben ser invitadas a formar parte de estos equipos de soporte.

6. Pensar en las diversas posibilidades de desarrollo de la región o en las localidades, pero sin perder de vista de que somos parte de un país, de una nación, el Perú, a cuya visión de desarrollo y proyecto nacional todos debemos de contribuir.

7. Realizar gestiones públicas que tengan como centro los derechos de los ciudadanos, que busquen resultados eficientes, que racionalicen los costos, que traduzcan una innegable vocación de servicio, que armonicen las políticas sectoriales con las territoriales, que reduzcan los niveles de verticalismo en la toma de decisiones.

8. Poner en vigencia una nueva noción de éxito en materia política en el sentido de que esta no es sinónimo de más dinero y mayor número de obras, sino desencadenar los procesos que conducirán a los objetivos del desarrollo humano, como procesos acumulativos sobre la base de la participación activa de los y las ciudadanas y sus organizaciones. El desarrollo es eminentemente transformación económica, política y social. El discurso político por supuesto que es necesario, pero más importante que ello son los procesos de cambios, que si son auténticos necesariamente afectarán intereses creados y generarán, por lo tanto, fuerzas opositoras. A la palabra, los auténticos líderes, deben sumarle las cifras de las metas, para medir los avances y los progresos que deben conquistarse. En este marco, la prioridad incuestionable de la lucha contra la pobreza necesita no de paliativos sino atacar sus causas estructurales, en caso contrario los compromisos por reducir la pobreza no serán sino meras ilusiones.

¿A dónde nos conducen estos caminos?

Primero. Enfrentar las plagas de la política tradicional
De esta manera, los lideres políticos ayudarán al país a enfrentar algunas de las plagas más serias de la practica de la política en nuestro país, como son la soberbia y ostentación en el desempeño, el autoritarismo en la toma de decisiones, la improvisación y falta de prioridades, la corrupción y falta de ética, y el clientelismo o partidarización de de la gestión publica; así como, por otro lado, no dejarse atrapar por el localismo o el regionalismo, avanzar hacia la modernización de la gestión publica y poner en practica una manera de entender la política, particularmente lo que debe entenderse por éxito en esta dimensión de la vida social. El impacto de todo esto contribuirá a enfrentar las múltiples crisis que afectan a las organizaciones políticas, como son las crisis de representatividad, de legitimidad, de efectividad, de credibilidad.

Segundo.- Forjar liderazgos de mayor calidad
Todos estos caminos son necesarios para que los presidentes regionales y también los nuevos alcaldes contribuyan a darle una mayor calidad a los liderazgos oficiales, sobre la base de la capacidad de estos para aportar a una gestión visionaria del desarrollo, poniendo la puntería en el blanco en la atención de las demandas sociales, y ejerciendo habilidades para articular actores públicos y privados creando alianzas y facilitar procesos de desarrollo en diversos planos. Los líderes regionales y locales deben contribuir a reforzar la autoestima de los ciudadanos a quienes representan, compartir con ellos la apuesta de trabajar y luchar por determinados objetivos, desplegar en esa perspectiva las iniciativas que fuesen necesarias y, especialmente, ser profundamente innovadores y creativos. Pero sobre todo, nutrirse en todo momento de los principios y valores éticos, que marquen un desempeño de calidad superior al de otras autoridades y que, con toda seguridad, va a estimular que un creciente número de ciudadanos se persuadan de acercarse a las instituciones del Estado y se reconcilien con la política. Un aspecto clave que no deben descuidar los líderes es su rol pedagógico, pues con sus actuaciones en los escenarios oficiales, contribuyen a forjar opinión pública y motivar comportamientos positivos.

Tercero.- Poner en marcha una nueva forma de gobernar
Los verdaderos líderes están en la posibilidad de demostrar que la política no es una herramienta para acceder al “Estado botín”, sino el arte de gobernar con transparencia, equidad y solidaridad. Los verdaderos líderes entienden que gobernar en representación de o para los ciudadanos es parte de las expresiones tradicionales de hacer política, necesarias pero insuficientes, y que “lo innovador y moderno es gobernar con los ciudadanos”, ampliando y fortaleciendo los espacios y herramientas de democracia participativa.

Cuarto.- Articular el corto con el largo plazo
Los verdaderos líderes no se agotan en los problemas de corto plazo, sino piensan también y fundamentalmente en el horizonte largo, pues los líderes más que constructores de obras son edificadores de futuro, sobre la base de la mayor coherencia posible entre sus ideas, el discurso y la acción concreta. Pero en el corto plazo, deben mostrar eficacia, en caso contrario provocarán demasiado pronto el desencanto de los electores y la pérdida de su apoyo. Y deben tener presente que parte del corto plazo son los problemas de la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la desnutrición, la deficiente calidad de la educación, la exclusión de lo servicios de salud, el drama que viven millones de peruanos en agua potable y sin servicios de alcantarillado.