Gobernabilidad y Ciudadanía ADs - PERU

viernes, marzo 09, 2007

Los ejes de la reforma estatal

"Se debe reorientar las políticas e instituciones sociales para superar su paternalismo"

Fernando Villarán, ex ministro de Trabajo
Nadie puede estar en desacuerdo con que se racionalice a las instituciones públicas, que se evite duplicaciones y que se logre un mejor uso de los recursos escasos. Sin embargo, lo que no se ha respondido de manera clara hasta el momento es: ¿Qué Estado necesita el país? ¿Cuáles son las funciones principales que va a desempeñar? ¿Qué prioridades nacionales van a orientar sus actividades y recursos? ¿Cómo va a aprovechar las grandes oportunidades que nos presenta el futuro, y al mismo resolver los graves problemas que arrastra nuestro país?
El primer eje de la reforma debería ser la descentralización y desconcentración del poder, es decir, transferirles más poder a los gobiernos regionales y locales. Pero también, y esto es muy importante, darle más poder a los ciudadanos, avanzando hacia una democracia participativa. Una propuesta concreta que consolidaría la descentralización y empezaría a encarar el difícil proceso de regionalización puede ser la creación de un consejo de Estado integrado por los presidentes regionales y presidido por el presidente de la República.
El segundo eje de la acción del Estado debe ser la promoción activa del sector privado, generador de la riqueza y el empleo productivo que el Perú necesita. Atraer la inversión, facilitar la creación y multiplicación de empresas, eliminar las trabas burocráticas, asegurar el acceso a los servicios financieros y no financieros indispensables para el crecimiento y la competitividad. Pero, sobre todo, hacerlo prioritariamente para la micro y pequeña empresa, urbana y rural, pues allí se concentra el grueso del empleo y producción nacional y son el principal sustento del desarrollo regional y local.
El tercer eje es el cambio en los sectores y las políticas sociales. Va en dos sentidos: por un lado, lograr el equilibrio y alineamiento entre las políticas económicas y las sociales, dándoles un mayor pe so y presencia a estas últimas, abandonando la condición de furgón de cola que tuvieron en los años 90. Y, por otro lado, reorientar las políticas e instituciones sociales para superar su asistencialismo y paternalismo que no solo se ha prestado y presta a la manipulación política, sino que destruye la dignidad y la autoestima de los sectores de menores ingresos.
El cuarto eje de la reforma es garantizar la construcción de una visión de futuro compartido en todo el país, implementando el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan), que articule el esfuerzo que ya están haciendo las regiones y municipios con los planes regionales y locales. Esta institución permitirá establecer las verdaderas prioridades nacionales y las orientaciones estratégicas para el desarrollo económica y social, tal como lo vienen haciendo exitosamente las dos superpotencias del siglo XXI: China e India.
El quinto eje es la regulación, con el objetivo claro de garantizar que los mercados brinden oportunidades para todos, y no solo para unos cuantos. Esto significa evitar los monopolios y los privilegios estatales que todavía dominan mercados e instituciones públicas. El gran déficit de regulación en el Perú se da en el campo ambiental; el Estado debe tener como prioridad defender el principal recurso estratégico del país: nuestra mega diversidad biológica. Si algún país en el mundo necesita un ministerio del ambiente ese es el Perú; que ponga en orden en los otros sectores y mantenga a raya a los agentes contaminantes.
El sexto, y último, eje de la reforma debe ser la lucha contra la corrupción; un Estado corrupto se convierte en la principal traba para el desarrollo, como lo demuestran hasta la saciedad los países africanos. Una prioridad evidente es la reforma del Poder Judicial, que no solo ahuyenta las inversiones sino que es fuente de toda clase de injusticias, alimento de la ingobernabilidad